Publicado: 20 de Septiembre de 2016

LA DOCTRINA DEL TRIBUNAL SUPREMO SOBRE LA OBLIGACIÓN DE PAGO POR MITADES DE LAS CUOTAS DEL PRÉSTAMO HIPOTECARIO SOBRE EL DOMICILIO FAMILIAR

  Uno de los aspectos económicos más importantes que afecta al patrimonio de las familias es la Hipoteca de la vivienda familiar.

 Por eso, AVF Abogados refleja en este artículo cuál es la Doctrina que establece el Tribunal Supremo sobre la obligación de pago de la hipoteca, una vez que se acuerda la Separación o el Divorcio.

 En varias Sentencias, la Sala Primera del Tribunal Supremo (5 de noviembre de 2008 ; 28 de marzo de 2011 ; 26 de noviembre de 2012 ; 20 de marzo de 2013 ; 30 de abril de 2013 ; etc ),  concluye que el pago de la hipoteca contratada por ambos cónyuges para comprar la vivienda familiar deberá ser pagada a partes iguales en caso de divorcio, siempre que no se haya procedido a la liquidación de la sociedad de gananciales.

La Sentencia de 28 de marzo de 2011, establece como Doctrina dicha premisa:

 "Se formula la doctrina de acuerdo con la cual el pago de las cuotas correspondientes a la hipoteca contratada por ambos cónyuges para la adquisición de la propiedad del inmueble destinado a vivienda familiar constituye una deuda de la sociedad de gananciales y como tal, queda incluida en el art. 1362, 2º CC y no constituye carga del matrimonio a los efectos de lo dispuesto en los arts. 90 y 91 CC".


 Y lo fundamenta en los siguientes argumentos:

 “... Por tanto, el pago de las cuotas hipotecarias afecta al aspecto patrimonial de las relaciones entre cónyuges, porque si el bien destinado a vivienda se ha adquirido vigente la sociedad de gananciales, debe aplicarse lo establecido en el art. 1347.3 CC, que declara la ganancialidad de los "bienes adquiridos a título oneroso a costa del caudal común, bien se haga la adquisición para la comunidad, bien para uno solo de los esposos", por lo que será de cargo de la sociedad, según dispone el Art. 1362. 2 CC, "la adquisición, tenencia y disfrute de los bienes comunes". Se trata de una deuda de la sociedad de gananciales, porque se ha contraído por ambos cónyuges en su beneficio, ya que el bien adquirido y financiado con la hipoteca tendrá la naturaleza de bien ganancial y corresponderá a ambos cónyuges por mitad.